HISTORIA



APARICIÓN

Un pastor de Colomera (Granada), llamado Juan Alonso Rivas, apacentaba su ganado, cabras y ovejas, en las alturas de Sierra Morena junto a la cumbre del Cabezo. Era cristiano sencillo y fervoroso, quizá algo entrado en años y estaba aquejado de una anquilosis o paralización total en el brazo izquierdo.
Empezaron a llamar su atención las luminarias que divisaba por las noches sobre el monte cercano a donde tenía su hato y a las que se sumaba el tañido de una campana. Finalmente quiso salir de duda y en la noche del 11 al 12 de agosto del año 1.227 resolvió llegar a la cumbre.
A su natural temor sucedió una expresión de asombro y gozo, porque en el hueco formado por dos enormes bloques de granito, encontró una imagen pequeña de la Virgen, ante cuya presencia se arrodilló el pastor y oro en voz alta entablando un diálogo con la Señora.
La Santísima Imagen le expresó su deseo de que allí se levantara un templo, enviándolo a la ciudad, para que anunciara el acontecimiento y mostrara a todos la recuperación del movimiento en su brazo y de esta forma, dieran crédito a sus palabras. Bajó a la ciudad y anunció el suceso que no tuvieron más remedio que creer ante le testimonio de su brazo curado.

ROMERÍA


La Romería de la Virgen de la Cabeza, se desarrolla en plena Sierra Morena frontera entre Andalucía y Castilla -La Mancha, y que constituye una impresionante manifestación de fervor mariano, adornada con el colorido de los estandartes y banderas de cada una de las Cofradías que vienen de toda España.
La eclosión floral de la primavera sirve de marco al ir y venir por los caminos de la sierra. Los romeros a pie, caballo, en mulos o en carretas, manifiestan una expansión festiva, pero de honda y sincera devoción, haciendo de la convivencia su mejor forma de oración.
La recepción  en Andújar de las Cofradías filiales en la tarde del viernes anterior al último domingo de abril, da comienzo a la Romería. La Real Cofradía Matriz de Andújar en corporación y junto al alcalde de la ciudad recibe en los jardines de Colón a todos aquellos que al día siguiente han de subir al Santuario, para darle la más cordial bienvenida. Se inicia así el desfile por las principales calles de la ciudad, hasta el Ayuntamiento donde se entonará una salve.
La mañana del sábado, tiene lugar el desfile de la Cofradía Matriz por las calles de la ciudad, cuyo cortejo se incrementa con un mayor número de jinetes, amazonas y parejas a la grupa, sin olvidar los mulos enjaezados y las jamugas. El ambiente festivo de la salida se mantiene a lo largo del trayecto que lleva hasta la ermita de San Ginés, primera parada del día, para continuar hasta la pradera de "Lugar Nuevo",  junto al río Jándula, donde se almorzará para después continuar el camino hacia el Santuario.
Al llegar al Santuario las Cofradías se suceden en su presentación ante la Imagen. Durante toda la noche en el camarín se susurra una entrañable intimidad con la Santísima Virgen. En el templo es masiva la participación en las misas y rosarios que se celebran. Para la asistencia espiritual a los peregrinos, la Comunidad de Padres Trinitarios se refuerza  con la ayuda de numerosos religiosos venidos de otras casa, especialmente para administrar el sacramento de la confesión.
El domingo es el día grande, la culminación de la fiesta, la apoteosis de María en la cima de su sierra, Un altar se lavan en la explanada del Santuario, para que la mayoría de los romeros y peregrinos puedan asistir y participar en la Eucaristía. El volteo de las campanas del templo anuncian, cerca del mediodía, el momento más solemne y culminante de la romería, la procesión de la Santísima Virgen de la Cabeza.
A lo largo de la calzada han formado previamente todas Cofradías, multitud de devotos  se agolpan a  las andas con la Imagen que comienza a recorrer las calzadas del cerro. Dos religiosos situados a ambos lados de la Virgen acercan al manto de la Reina, los niños, prendas y objetos que les entregan los romeros para ser bendecidos.
Cuando la Imagen vuelve a su camarín, tras cuatro horas de recorrido, comienza un nuevo año para los peregrinos que vuelven a sus lugares de origen, algunos ese mismo día y otros al día siguiente, llevando consigo romero y estadales para repartir entre los amigos y familiares.

LA DEVOCIÓN


La devoción a la Santísima Virgen de la Cabeza se remonta al siglo XIII. Así, los relatos legendarios sitúan el encuentro milagroso de un pastor con una imagen de la Virgen María en la sierra de Andújar, en el Cerro del Cabezo. Situado junto a una de las grandes vías de comunicación de la antigüedad y sobre el valle del río Jándula, que proviene del árabe Xandula, que es una alabanza a Dios, que nos ubica en un lugar de algún modo “consagrado”. Con toda probabilidad, el preludio puede ser de las influencias del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, gran adalid de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). El arzobispo es alentador del emplazamiento de imágenes de la Virgen María (de talla pequeña, moreniles y todas con características parecidas) y encarga a la reciente Orden de Calatrava la custodia del Castillo del Xandula, que es frontera con los almohades (lugar que será luego el actual Santuario) y que pasa de manos sarracenas a cristianas en varios momentos. Por lo que investigadores apuntan, todo indica que hubiera una imagen de la Virgen, llevada por los calatravos, en dicho lugar y que en un momento determinado quedara oculta. De ahí la llamada Aparición según cuenta la tradición legendaria, en 1227, donde en este alcor de la serranía la Virgen María pide al pastor que se haga en ese lugar un santuario en su honor. Fue tras esas vicisitudes que acompañan a este tipo de hierofonías, pugnando la ciudad de Andújar por devocionar a la sagrada imagen en un templo local, finalmente se sacraliza una pequeña ermita en el Cabezo. Y muy pronto la devoción a la Virgen de la Cabeza, su fama de milagrosa, corre como la pólvora no sólo en las localidades cercanas sino en distintos lugares de la geografía. Así en los siglos XIV y XV los peregrinos que acuden al Cerro y a la propia Romería se pueden considerar extraordinariamente numerosos y la fama de la Virgen de la Cabeza se consolida de boca en boca. En este sentido las cofradías van a ser un elemento catalizador de esta devoción.
Prácticamente desde el primer momento esta devoción rápidamente se expande por múltiples zonas, donde incluso alcanza patronazgo. El número y la localización de las cofradías ha sido siempre una constante que determina la pujanza de este fervor mariano. En una relación del siglo XVII se constatan 69 cofradías de la Virgen de la Cabeza. Y aunque a lo largo de la historia muchas vicisitudes han influido en la fluctuación de las cofradías que acudían a la romería, bien es cierto que hoy encontramos lugares con devoción, y numerosos de éstos con patronazgo de la Virgen de la Cabeza, en muchos lugares de España, desde Asturias a Castilla y León, desde Cataluña y Levante a Castilla-la Mancha, y Andalucía. También en Hispanoamérica y Brasil, y hasta sin ser de cuna marinera, hay constancia de que es imagen galeona. Hoy es una devoción y una romería de carácter universal, un crisol de referencia de la llamada piedad popular. Podríamos extender mil y una páginas acerca de la historia, de la expansión, de la fe, de la cultura en torno al misterio mariano de la Virgen de la Cabeza. Hablaríamos de exvotos, de documentos que acreditan su pujanza, de testimonios históricos. Por su desbordante carácter, por su fuerte poder de convocatoria, la devoción y romería de la Virgen de la Cabeza es uno de los grandes referentes, religiosos, festivos y sociales de la provincia de Jaén y de Andalucía. Epítome palmario del marianismo español que surge en los últimos siglos del Medievo. Su hondo y rico marchamo es mismamente un identitario grabado en un amplio discurrir anímico.
Felipe II recurre al santuario del Cabezo y a su moradora para administrar la conversión en 1593 del príncipe de Fez Marruecos Muley Xeque que luego Lope de Vega transcribe en una de sus obras teatrales: Tragedia del rey don Sebastián y bautismo del Príncipe de Marruecos (1594), donde se describe la Romería y ensalza a la Virgen de la Cabeza. La literatura popular de ciegos y pliegos de cordel, como la de algunos autores de renombre enaltecen esta devoción y su fiesta, así como el arte, donde quedan obras de prestigiosos pinceles que la representan como una muy extraordinaria celebración. Cervantes, el gran referente de las letras hispanas, sitúa en el Quijote a su célebre personaje en la Cañada Real de la Plata, en los pagos cercanos al santuario, durante tres días purgando su espíritu "haciendo cabriolas por su amada”. En 1617, también Miguel de Cervantes en su póstuma novela Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, hace una magistral descripción de la Romería que se celebra en estos territorios de excepción, en el “Cabezo” el cual nombra y describe en todo su entorno. Además dice:«Es una fiesta que en todo lo descubierto de la tierra se celebra tal, según he oído decir, que ni las pasadas fiestas de la gentilidad no le han hecho ni pueden hacer ventajas. El lugar, la peña, la imagen, los milagros, la infinita gente que acude de cerca y lejos, el solemne día que he dicho le hacen famosa en el mundo y célebre en España sobre cuantos lugares las más extendidas memorias recuerdan».
El mismo Lope trata el tema en el Peregrino en su Patria (1604). Y ya Alfonso XI en 1340 se refiere al Santuario como lugar bien conocido en su “Libro de la Montería”. Calderón de la Barca en su obra "La conversión del gran príncipe de Fez" y también Argote de Molina en su tratado de "Nobleza Andaluza" (1588).La nómina de autores que de un modo u otro nos muestran la fiesta romera y ese fervor tan singular a la Virgen de la Cabeza es muy extensa y llega hasta nuestros días, como por ejemplo José Manuel Caballero Bonald, o Tico Medina, entre muchos, que escriben sobre la fiesta romera con pinceladas repletas de magnética resonancia.
Alfonso XIII otorgaría al Santuario de la Sierra iliturgitana el título de “Real. Desde 1930 la Orden de la Santísima Trinidad es la encargada de la custodia y rectorado del Santuario, donde ha destacado por su labor de acogida, su trabajo pastoral, su rol amalgamador de confluencias y voluntades. Así siguiendo las directrices diocesanas ha procurado denodadamente la mejora del fuste de la devoción y el crecimiento y difusión de ésta, a la par que han incidido en la mejora y ampliación del contexto del propio santuario, su entorno, insuflándolo de mayor carácter artístico. 
El Real Santuario fue declarado parroquia en 1949. Pero su historia como la de la propia advocación es larga. Ya prácticamente desde el comienzo de la legendaria aparición se alzó una ermita en el Cabezo. Hay constancia de que ya unas obras importantes comenzaron en 1287 y concluirían en 1304. Sin embargo las ampliaciones y reformas han sido prácticamente constantes a través de los tiempos alcanzando su máximo esplendor en el siglo XVI, años cuando se convirtió en ese santuario muy parecido al que hoy conocemos. Cabe reseñar en este período la intervención en el nuevo planteamiento del edificio de Andrés de Vandelvira. Durante la guerra civil el santuario quedó prácticamente destruido y en la lacerante refriega desapareció la imagen de la Virgen de la Cabeza. 
Entre 1941y 1943 se restaura el Santuario, siendo director de las obras Francisco Prieto Moreno, conservador de la Alhambra de Granada. Luego en los años sesenta del pasado siglo la orden trinitaria acometió diversas obras de ampliación. La nueva talla será obra del escultor aloreño, afincado en Granada, José Navas Parejo. El Santuario guarda diversas obras artísticas de importante traza. Así por ejemplo, la reja del presbiterio del siglo XVI, un Crucificado, y un Corazón de Jesús, de Mariano Benlliure, y un largo etcétera que se completa con un Museo Mariano. La Orden de la santísima Trinidad inauguraba 19 de abril de 1998 este museo en las propias dependencias del santuario, que entre otras muchas piezas acoge un cuadro magnífico del siglo XVII que muestra la Romería de entonces, y donde se exponen mantos, custodias, documentos y enseres que muestran la importancia que a través de los siglos ha tenido y tiene esta advocación mariana. En 2008 dado el estado de deterioro que tenía el antiguo Parador anexo al santuario y dentro de unos acuerdos con las distintas administraciones la orden trinitaria acomete la construcción de una Hospedería y un Centro de Acogida de Peregrinos, algo muy necesario dadas las necesidades y la orografía del propio santuario y la multitudinaria asistencia que tiene en diferentes momentos del año.
Por la bula del Papa San Pío X, en 1909, se decreta la Coronación Canónica de la Virgen de la Cabeza y su nombramiento como Patrona de Andújar, y por bula de 1959 del Papa san Juan XXIII se declara su patronazgo sobre la Diócesis de Jaén. Ha sido con el Obispo D. Ramón del Hoyo López, donde ha tenido una gran trayectoria en este siglo XX. Mediante sus gestiones se ha conseguido: Que los fieles puedan conseguir indulgencia plenaria, en días especiales, y realizando determinado actos. 
En 2009, el Papa Benedicto XVI otorga a la Virgen de la Cabeza la Rosa de Oro, tratándose de la máxima distinción pontificia y la primera a favor de una imagen de la Virgen en España. En 2010 el Santuario del Cabezo es proclamado como Basílica Menor. Que el Santuario sea uno de los lugares que se alcanzaran las gracias, que con motivo del Año de la Misericordia la Iglesia otorgara, en el 2016-2017, seria concluido este año de la Misericordia, por el nuevo Obispo D. Amadeo Rodríguez Magro. Visitado por reyes, presidentes del gobierno y grandes personajes han acudido a esta santa cumbre de Sierra Morena dotándola de diversos títulos, rúbricas y otorgamientos, y sumándose a una piedad popular sencilla que durante siglos y de un modo multitudinario ha puesto su fervor de generación en generación ,con una identidad singular, en la imagen moradora del Santuario de Andújar . La fiesta de la Romería y las celebraciones a lo largo del año, hacen que hoy estemos ante una manifestación muy universal, que se actualiza día a día, que busca una regeneración de cara al futuro pero cimentada en una rica identidad decantada a lo largo de casi ocho siglos.

Fuente: Basílica y Real Santuario.

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