sábado, 17 de julio de 2021

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DXX). Domingo XVI del Tiempo Ordinario

 

 
Seguramente si alguien nos pregunta cuál es el signo que mejor nos identifica como cristianos, mayoritariamente responderemos que la cruz. En esta forma encontramos el recuerdo de la muerte de Jesús, pero aún más, vemos reflejado el gesto de amor de Dios por nosotros: una entrega hasta el final. Pero en realidad no fue hasta el siglo IV que se empezó a usar la cruz como símbolo de la religión cristiana. Hasta aquel momento era habitual usar la imagen de unos panes, como referencia a la Eucaristía; el dibujo de un pez, ya que, en griego, la palabra icthys sirve como acróstico, también en griego, de «Jesús, Cristo, Hijo de Dios y Salvador», y también como recuerdo de uno de los milagros más conocidos de Jesús, la multiplicación de los panes y los peces; otra imagen muy frecuente era la del «buen pastor».

Precisamente de esta imagen del buen pastor nos hablan las lecturas de hoy. Mirad. La imagen del pastor es muy recurrente en la Sagrada Escritura. En primer lugar, es una imagen aplicable a Dios, el único pastor de Israel; también se aplica a los dirigentes que Israel que tienen la misión de guiar al pueblo, y cuya actitud, por cierto, vemos en la primera lectura, del profeta Jeremías, que es muy criticada, pues se han alejado de Dios y de las personas que tenían encomendadas, para preocuparse solo de sus propios intereses. Finalmente, esta imagen de pastor es aplicable a Cristo, que encarna de una manera perfecta a Dios Pastor, que se compadece de la muchedumbre, y reúne por la sangre de su cruz, en un solo pueblo, a los hijos de Dios dispersos.

Esta actitud de pastor de Jesús, la vemos reflejada en el evangelio de hoy, en el que vemos cómo Jesús invita a sus discípulos a un lugar tranquilo y de descanso. Sin embargo, la presencia de las multitudes alrededor de Jesús y de los discípulos provoca un cambio de planes, y motivado sobre todo por la compasión, pues aquellas multitudes eran como «ovejas sin pastor», Jesús continúa su enseñanza. Y de esta manera Jesús muestra que es el buen pastor que conoce a sus ovejas, que conoce lo más profundo de nuestro ser, nuestros anhelos y dificultades, y sabe que de los peligros que nos acechan.

Por eso, cada domingo, y cada día, Jesús nos invita a estar con Él en la celebración de la Eucaristía, a descansar con Él, a escucharle, a recibirle. Y también, a lo largo de diferentes momentos del día nos invita a desahogarnos con Él, a contarle nuestras penas y fatigas, nuestras alegrías, esperanzas, ilusiones.

Pidámosle a la Virgen María que sepamos buscar el descanso, la paz y las respuestas a las preguntas de cada día en la Eucaristía del domingo y en la oración, para que así, escuchando la Palabra de Dios y comulgando el Cuerpo y Sangre de Cristo, se alimente nuestra fe y nos ayude a dar fruto de buenas obras.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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