sábado, 5 de junio de 2021

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DXIV). Corpus Christi

 


La celebración del Corpus Christi es como el eco de las celebraciones pascuales, y de un modo particular, de la Cena del Señor en la que instituye el sacramento de la Sagrada Eucaristía. Es la fiesta de la mesa, del Pan partido y compartido para todos, es la fiesta de la fraternidad y la entrega hasta la propia vida.

Por eso, las lecturas que proclamamos hoy nos sirven para entender mejor lo que celebramos cada domingo en la Eucaristía. Hemos escuchado el relato de la celebración pascual de Jesús con sus discípulos antes de su muerte, que es la partida de nacimiento de la Eucaristía cristiana, cuya solemnidad celebramos hoy; en concreto la tomada  del evangelio de Marcos, donde tenemos el relato evangélico más antiguo de la institución de la Eucaristía en la Última Cena, el Jueves Santo. Jesús es muy consciente de que su muerte será una Nueva alianza representada en el derramamiento de su sangre, «derramada por todos». Ya no se necesitan más víctimas ni sacrificios. Esta es la Nueva Alianza. Jesús es el «sumo sacerdote» que ha hecho un solo y único sacrificio de «una vez para siempre».

Por eso, la festividad del Corpus Christi nos debe dar fuerza para seguir adelante. El Señor nos precede; nos comunica que se compromete con nosotros; que avanza a nuestro lado; que no vive de espaldas a nuestros pesares. Y es que cada vez que celebramos esta fiesta, renovamos con emoción y firmeza lo que el sacramento encierra y que tantas veces hemos cantados: DIOS ESTÁ AQUÍ, y es la fuente de nuestra vida cristiana.

Por ello mismo al mirar en este día la Sagrada Eucaristía, sobre todo cuando quede expuesta en la custodia, no podemos menos que sentir esa presencia divina que nos reanima, que  nos hace valientes y nos alienta a dar razón de nuestra esperanza en un mundo vacío de Dios.
Y, por supuesto, al celebrar la fiesta del Corpus Christi, homenajearemos a Cristo con aquello que bien sabemos que mucho le agrada, que es la caridad; pues nuestra vida cristiana, sin gestos de fraternidad, se queda sin brillo; nuestra aclamación a Jesús, sin la ayuda a los más necesitados, es un grito a medias; el Corpus, sin nuestro recuerdo y limosna a favor de los pobres, es un camino incompleto, una piedad demasiado cómoda, una devoción sin referencia a nuestros hermanos... Un Corpus sin caridad, ni es Corpus, ni es «ná».

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola, bienvenid@ a Abril Romero. Deje su mensaje o saludo.