sábado, 20 de marzo de 2021

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DIII). Domingo V de Cuaresma

 


Las lecturas de este quinto domingo de Cuaresma nos preparan a la pasión y muerte de Jesús. La primera lectura nos recuerda la nueva Alianza que Dios quiere hacer con nosotros, una nueva y definitiva prueba de amor. La carta a los Hebreos, por su parte, nos dice que Cristo, obediente hasta la cruz, es el autor de la salvación eterna. Y es que tanto la Alianza como la salvación se basan en la entrega de Cristo por nosotros. Además, las lecturas de hoy nos indican también que está llegando la hora de Jesús, el tiempo establecido por el Padre para llevar a término la obra de la Redención; y nos dan como un retrato psicológico de Jesús ante su destino, mostrándonos lo que hay en su corazón en estos momentos de su vida. Es impresionante ver cómo la condición de Hijo no le ha ahorrado a Jesús padecer el sufrimiento y la angustia ante la muerte. Siendo el sufrimiento  para el Señor una escuela donde aprende qué significa ser Hijo.
Por eso, la llegada a Jerusalén es la llegada de la glorificación del Hijo, y la hora de la glorificación es el cumplimiento de la misión de Jesús. Él es el que será elevado en la cruz para atraer la mirada de la humanidad entera. Él es el que es glorificado por el Padre y va a volver a ser glorificado en su muerte y resurrección. Así pues, queda claro que la hora de la glorificación es el cumplimiento de la misión de Jesús, explicada con la imagen del grano de trigo. Y es que Jesús es el es el grano de trigo que cae en tierra y muere, para dar mucho fruto; pues gracias a Jesús, y a su glorificación en la cruz, el mundo deja de estar dominado por el mal. El triunfo de Jesús, su grandeza, su gloria son silenciosos como semilla en tierra.
Y, la pregunta del millón: ¿Cuál tiene que ser nuestra hora? Pues la misma de Jesús: la de ser grano de trigo, la de la fraternidad o entrega por los hermanos hasta la muerte, si es preciso.  Que María, Madre Dolorosa al pie de la cruz, nos ayude a ser, como Ella, verdaderos discípulos de Cristo, que como los griegos del Evangelio, quieran ver a Jesús.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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