jueves, 18 de marzo de 2021

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DII). Solemnidad de San José

 

 
Las lecturas de la solemnidad de san José nos ayudan a comprender el sentido y la importancia del patrono y protector de la Iglesia, de cuyo patronazgo celebramos los 150 años en este año especial dedicado a San José por el Papa Francisco.
La primera lectura nos lleva inmediatamente a pensar en la paternidad de san José; una paternidad que durará para siempre, pues hasta hoy ha llegado la nueva incorporación de hijos a la Iglesia. Vemos como Dios juró a David que su linaje sería perpetuo y que edificaría su trono para todas las edades. Esa promesa del profeta Natán al rey David, se ve cumplida en la descendencia espiritual de Cristo. Fijémonos, por tanto, que ser padre no se reduce a transmitir la herencia biológica a la siguiente generación, sino sobre todo en entregarse a ese hijo a quien transmite una forma de ser persona, a quien inicia en las cosas de la vida, por quien siempre está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano. Cuántas veces decimos: «esa persona ha sido para mi un auténtico padre» cuando alguien que no es familia nuestra, o incluso un padrastro, por poner un ejemplo, nos ha tratado, cuidado y querido como si fuéramos hijos suyos de su misma carne y sangre, preocupándose por nosotros en todos los aspectos.
Pues bien, san José es, por eso mismo, padre de Jesús porque le ayudó a entrar en relación con las cosas y las personas. Le ayudó a rezar, a desarrollar un oficio, a saberse parte de una familia, signo del amor que Dios Padre tiene por Él. Mirad, «educar» viene del verbo «educare», que significa «sacar desde dentro, traer a la luz, dejar salir lo que está todavía en germen». Y fue precisamente través de la relación con san José, como Jesús pudo hacer evidente todo lo que era y de dónde venía. Y es que la condición humana exige que otro nos ayude a descubrir quiénes somos en realidad, cuál es nuestra verdadera identidad. Solos no podemos.
Un padre, un maestro, no puede generar si a su vez no es generado por otro. Por eso el evangelio de san Mateo comienza con el último eslabón de la genealogía de Jesús, recordándonos que san José es fruto de toda una tradición e historia que él ha recibido y, a su vez, transmitirá a su hijo. No podemos dar nada que antes no hayamos recibido. Por eso hoy es necesario que las personas, en todos los aspectos de la vida, tengamos auténticos maestros. Padres maestros, padres educadores, padres responsables... Porque un padre, a fin de cuentas, por muchas broncas que podamos tener con él, no deja de ser nunca, en circunstancias normales, un punto de referencia y apoyo.
Y, como no, no podemos olvidarnos de que la fiesta de san José nos invita de modo especial a rezar por las vocaciones sacerdotales. Hacen falta sacerdotes. Tenemos pocos sacerdotes a nuestro servicio. Necesitamos pedir más vocaciones sacerdotales para la Iglesia en general y para nuestra diócesis en particular, tan necesitada de ellos. Un sacerdotes no sale de debajo de las piedras ni se hace solo. Necesita de nuestra oración, de la oración de todo el pueblo de Dios, de nuestra ayuda, y de nuestro afecto y cariño.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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