sábado, 6 de febrero de 2021

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXCVI). Domingo V del Tiempo Ordinario.

 


Para los judíos, el significado del nombre de una persona es muy importante, puesto que transmite, en cierto modo, cómo ha de ser esa persona, o alguna circunstancia histórica que rodea al nacimiento de la misma.
Pues bien, como seguro hemos oído muchas veces, el nombre de Jesús significa “Dios salva”. Y así vemos a Jesús en el Evangelio, haciendo honor a su nombre, mostrándonos que es lo que ha venido a hacer a este mundo, que no es otra cosa que hacer el bien y librarnos del mal.
Y hoy el Evangelio nos muestra el mal reflejado en la enfermedad y en la posesión por los demonios. Vemos como Jesús cura a la suegra de Pedro y a muchos enfermos, y como expulsaba demonios, sin darles la oportunidad de decir, nada, dejando claro quien es el que manda.
Bueno, pues ante esto, sería bueno que cada cual nos preguntásemos de qué nos tiene que librar Jesús. Qué hay en nuestro interior, en nuestra alma, en nuestro yo más profundo que tiene que ser sanado. Qué mal tiene que ser expulsado de nosotros. Y es que, aunque pensemos que somos muy buenos y que no tenemos pecados, todos, todos, tenemos necesidad de la misericordia de Dios, manifestada en Jesucristo. Todos somos pecadores. Todos tenemos algo en nuestro interior que nos impide ser santos al cien por cien.
Por eso, haremos bien en imitar a Jesús, que se apartaba para orar, para hablar con su Padre Dios. Haremos bien en contarle nuestras cosas, nuestros problemas. Él ya los conoce, claro que sí. Pero quiere que se los contemos nosotros, que le digamos lo que nos pasa... Nos quejamos muchas veces de que en las casas y en las familias no hay comunicación, que nos quedamos mirando el televisor, la play o el ordenador, y que no hablamos... Pues lo mismo nos puede pasar con Dios... Que andemos tan metidos y absortos con las cosas de este mundo, que nos olvidemos de hablar con Él, de comunicarnos con Él, de relacionarnos con Él... Y la relación con Dios, la buena relación con Dios, para un cristiano, es vital.
Pues que la Virgen María, a quien esta semana veneraremos de un modo especial como salud de los enfermos bajo la advocación de la Virgen de Lourdes, nos ayude para que, como buenos discípulos de Jesús, sepamos poner nuestras vidas en manos de Dios, y así dar alivio, apoyo y comprensión a quien lo necesite.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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