domingo, 20 de diciembre de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXXXII). Domingo IV de Adviento

 


Estamos ya a pocos días de celebrar la Navidad, aunque, con la que está cayendo, seguramente que este año no tendremos el cuerpo para muchas fiestas. Pero quizá, y precisamente por la que está cayendo, debamos vivir más que nunca este misterio de acogida y de encuentro Cristo, que es la Luz que vence a las tinieblas y que tranquiliza el corazón inquieto y desasosegado. Por eso, tenemos que disponernos en estos días que faltan hasta el día de Navidad para acoger el Don de Dios, ese Misterio escondido que se nos ha dado a conocer.
Pero podríamos preguntarnos... ¿Qué es acoger? Mirad, durante estos últimos días de adviento, hay dos personajes que toman una significación especial y que en las lecturas de estos días aparecen como ejemplo de acogida. Uno es la Virgen María, y el otro, San José. Pues bien; mirando a la Virgen María y a San José, podemos decir que acoger es recibir en casa, es convertirnos en arca y templo del Señor. La Virgen María lo hizo por medio de su Sí al anuncio del Ángel, acogiendo a Cristo en su seno y en su corazón, y San José dándole un nombre y una casa.
Pues que la Virgen María y San José, que en el silencio acogieron y aguardaron al Mesías, nos ayuden a abrirle las puertas de nuestra casa, de nuestra vida, para ser así portadores de su alegría, consuelo en el dolor, y testigos de su venida. 

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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