lunes, 7 de diciembre de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXXX). Solemnidad de la Inmaculada Concepción



Camino de la Navidad, en este tiempo de Adviento, miramos a María y marchamos con Ella por los caminos de la espera del Señor, contemplando en la Santísima Virgen la belleza con la que Dios nos había soñado, lo que tenía que haber sido pero no fue, a causa del primer pecado del hombre.
Y es que, como vemos en la primera lectura, la humanidad, desde sus orígenes, establecidos en Adán y Eva, desobedece a Dios. La humanidad es, por tanto, pecadora, y esta condición se extiende a toda la descendencia humana. La humanidad está herida, y esta herida, debida al pecado, nos hace cojos y nos impide caminar en plenitud junto a Dios y nuestros hermanos.
Pues bien, para nacer en la tierra y venir a nuestro encuentro para salvarnos del pecado y de la muerte, Dios ha querido prepararse una Madre que estuviera limpia de la herida de nuestros primeros padres. Por eso María es Madre de la Esperanza, pues como hija de Israel esperaba con fe al Mesías de Dios, al mismo tiempo que se convertía en portadora de esa misma esperanza y en “imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro”.
Así, en la Inmaculada Concepción de María contemplamos la belleza con la que Dios nos había soñado, lo que tenía que haber sido, pero no fue a causa del primer pecado del hombre. Por eso que, mirando a María, la criatura más hermosa de la creación después de la naturaleza humana de Cristo, y la imagen más perfecta de la Iglesia, descubrimos todo lo que Dios quiere para nosotros. Ella creyó, se fió de Dios, y se puso en camino, porque sabía que no iba a ser abandonada por su Señor. Por eso, mirándola a Ella podemos aprender a fiarnos de Dios y a decirle “Sí”, aunque a veces cueste entender, pero con el convencimiento de que para Él nada hay imposible.
Invoquemos, pues, hoy y siempre su ayuda maternal; para que como Ella sepamos decir amén, hágase en mi, haciendo de nuestra vida una respuesta a la voluntad de Dios.
 
Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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