sábado, 5 de diciembre de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXXIX). Domingo II de Adviento




Hoy la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías, comienza con la palabra “Consolad”. “Consolad”. Esta es una de las palabras que resuena con fuerza en este Adviento: “Consolad”. Y es que en medio de la incertidumbre en que se ve sumido nuestro mundo a causa de la pandemia que estamos padeciendo; en medio de esta situación en la que muchas de nuestras aparentes seguridades se han venido abajo; en medio de este tiempo que nos ha obligado a abandonar nuestras rutinas y cambiar nuestras costumbres; en medio de un panorama de dolor, de enfermedad, de inseguridad y hasta de muerte, el Señor Jesús, que vino en un momento de la historia para llevar a cabo la obra de la Redención, no deja de venir para traernos el consuelo de su presencia cercana.

Por eso, en medio de la oscuridad de estos tiempos, dejémonos consolar por el Señor, que escucha el clamor de su pueblo, y viene para mostrarnos su misericordia y darnos su salvación; que viene para recordarnos que es posible un mundo nuevo, en el que habite la justicia; un mundo en el que Él vuelva a tener la primacía, en el que Él, que es Señor del tiempo y de la historia, para quien un día es como mil años, y mil años como un día, esté en el centro de todo, porque esa será la forma de que surja una nueva humanidad en la que todos juntos veamos la gloria del Señor que va a revelarse.

Mirad; este momento de dificultad que estamos pasando ha de convertirse en un momento de gracia, en una oportunidad de conversión personal y comunitaria, de cambio de vida, que nos ayude a preparar los caminos del Señor, que nos habla al corazón, y a allanar sus senderos.

Pidamos, pues a la Virgen María que todos escuchemos esa llamada a la conversión que también hoy nos lanza Juan Bautista, y nos convirtamos a la Buena Noticia para ser comunicadores y testigos en medio de este mundo tan herido de que toda carne verá la salvación de Dios, puesto que Jesucristo la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan.

Mn. Ramón Clavería Adiego; 

Director espiritual de Abril Romero.

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