lunes, 12 de octubre de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXX). Solemnidad de Ntra. Sra. del Pilar

 


Canta el conocido pasodoble “Sierra de Luna”, que “el Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar; la Virgen está dormida, no la quiere despertar”... y el vídeo que va circulando por las redes, dice que “este año hay que guardar silencio al pasar por el Pilar; la Virgen está dormida, y nos dicen de esperar...”

Pero si de algo podemos estar seguros es que, aunque nos digan de esperar; que aunque el silencio, la tristeza, esa sensación de que nos falta algo al no haber ofrenda de flores, ni rosario de la Aurora ni de Cristal, ni vaquillas, ni fiestas del Pilar en general, aunque estemos lejos de Zaragoza y las veamos algunos por la tele; es que la Virgen, desde luego, no está dormida. No está dormida en absoluto, sino que está bien despierta velando por todos nosotros, cubriéndonos con su manto, y ofreciéndonos su bendito pilar como piedra y roca a la que abrazarnos y agarrarnos en estos momentos duros y difíciles.

Por eso, hoy nos acercamos, como dice la jota, ante la que más altares tiene, y, aunque su devoción sea universal, sobre todo, esos altares son los pechos de los aragoneses. Y aunque no le ofrezcamos flores, le ofrecemos la flor que a Ella más le gusta, que es la flor de nuestro corazón; pidiéndole que todos nuestros corazones formen ese hermoso manto de flores que Ella desea lucir orgullosa en este día y todos los días del año.

Sabemos de sobra que este año está siendo un año difícil, y además, pues, no podemos engañarnos, no sabemos lo que puede deparar el futuro, porque, como dice nuestro dicho, estamos comprobando que ante esta situación se miente más que se habla. Por eso, hemos de dejar que, como dice el salmo, el Señor sea nuestra luz y salvación, la defensa de nuestra vida. Por eso nada ni nadie nos debe hacer temblar. Si nuestros antepasados aragoneses no se arredraron ante las dificultades, epidemias, guerras y catástrofes en circunstancias mucho más difíciles que las que tenemos hoy día, nosotros no hemos de acobardarnos, sino que hemos de mirar de frente, hacia delante, y, aunque pueda parecer difícil, y se nos invite a lo contrario, hemos de poner nuestra confianza en Dios, que nos ha dado la compañía y la protección de la Virgen María. Y es que la Virgen María nos acompaña, y permanece como la columna que guiaba día y noche al pueblo en el desierto.

Pidámosle, pues, a nuestra Virgen del Pilar, que este desierto que nos está tocando atravesar, no se nos apodere ni haga temblar nuestra fe ni nuestra esperanza; y que al igual que el pueblo de Israel, sigamos caminando con la esperanza de alcanzar la tierra prometida. Que Ella, luz hermosa y claro día, interceda por este pueblo que de su amor, favor implora, interceda por Aragón, por todas sus gentes, por toda España e Hispanoamérica. Saldremos de ésta. No sabemos cuando, ni como, pero saldremos.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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