sábado, 12 de septiembre de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXVI). Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

 Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL JUEVES XIX DEL T. ORDINARIO 16 DE  AGOSTO

Creo que, a simple vista, se puede apreciar que el tema de las lecturas de hoy es que ofrecer el perdón a quien nos haya ofendido debe ser la actitud permanente de los discípulos de Jesús.

Y es que al perdón, como nos dice Jesús, no se le pueden poner límites. El perdón no es un tema de contabilidades, sino de actitudes. El perdón es una actitud permanente que no lleva cuenta de las veces que se debe perdonar.

Si nos fijamos bien, a lo largo de todo el Evangelio, Jesús nos invita –y más que invitarnos, nos obliga- a perdonar. Y no sólo nos lo dice de palabra, sino que además, nos lo enseña con el ejemplo, pues incluso mientras agonizaba clavado en la cruz perdonaba a sus verdugos.

Sin embargo, pues hay que reconocer que el sentimiento de perdón no suele ser el primero que nos sale cuando nos ofenden, sino más bien al revés; y que nos cuesta perdonar y, según que cosas, nos cuesta perdonarlas mucho.

Y aquí es donde nos encontramos con la pregunta del millón: ¿Cómo hacer para perdonar?¿Cómo perdonar, si nuestra tendencia natural nos lleva al resentimiento, al desquite, e incluso, en ocasiones, a la venganza? Y no me digáis exagerado... Qué ahí tenemos la cruda realidad: hermanos y familiares que no se hablan, vecinos que se llevan a matar, manías de unos contra otros....

Pues mirad... Dios no nos pide nada imposible. Si Dios nos manda algo, como es en este caso, perdonar, es porque podemos hacerlo. Y podemos hacerlo porque Él nos da la gracia y la ayuda para hacerlo. Eso sí... Hay que pedírsela sinceramente. Y tenemos que tener clara otra cosa, y es que esa dificultad para perdonar a quien nos la ha hecho se puede vencer a partir de la experiencia del perdón que nosotros mismos recibimos de Dios. Ahora bien... Si no nos sentimos necesitados del perdón de Dios... Es más si no nos sentimos realmente perdonados por Dios... Pues difícilmente seremos capaces de perdonar a los demás.

Así que... Ya lo sabemos. Si queremos ser de verdad cristianos, discípulos de Jesús, e ir al cielo, tenemos que saber perdonar a todo el que nos hace alguna. Y aunque el que perdona pueda parecer que es tonto, no lo es, al contrario, es más listo que los demás, pues puede vivir con la conciencia tranquila, sin remordimientos ni inquinas interiores que le recoman.

Perdonemos. Vuelvo a decirlo. Perdonemos. Y dejemos que sea Dios el que pida cuentas a los demás. Que ya nos las pedirá también a nosotros cuando nos llegue el momento.

                                                                                    Mn. Ramón Clavería Adiego;                                                                             Director espiritual de Abril Romero.

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