sábado, 22 de agosto de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLXVIII). Domingo XXI del Tiempo Ordinario


Recuerdo en los años 80, que el programa de televisión “Testimonio”, que todavía se emite, en vez de ser los domingos por la mañana, era los miércoles a las tantas de la noche; y comenzaba con una imagen de Cristo crucificado, debajo de la cual salía escrita esta frase que acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”.

Bueno, pues hoy, y cada día, Jesús nos vuelve a hacer a todos nosotros esa misma pregunta que hizo un día a los Apóstoles: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Para nosotros responder que Jesús es el Salvador, el Mesías, el Hijo de Dios, el Redentor, como vemos que hace Pedro, pues es fácil; pues lo hemos aprendido en el catecismo, y se supone que así lo creemos; pero tengamos en cuenta que para la gente de tiempos de Jesús era dificilísimo dar esta respuesta... Porque ellos, sí, sabían que Jesús había nacido en Belén; que vivía en Nazaret... Pero eso de afirmar que era el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador esperado y anunciado por los profetas... Ojo, que se las traía. Por eso que hacer la afirmación de Pedro, solamente se podía hacer desde el influjo de la fe.

Sin embargo, si echamos una mirada alrededor nuestro, podemos apreciar que hoy día afirmar que Jesús de Nazaret sea el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, es algo que parece que cuesta. Y no hablo ya de los no cristianos o de los no creyentes; sino que me refiero a los mismos cristianos, e incluso a nosotros, que venimos a Misa; porque cada vez es más frecuente que nos callemos, que no digamos nada, que no tengamos respuesta a esta pregunta de Jesús... Que digamos que Jesús era un hombre de bien, el hombre más grande de la humanidad.... Pero con estas respuestas, y con otras que se han inventado “teologuillos” de tres al cuarto; se ha ido desfigurando la imagen de Jesús en el mundo a lo largo de los siglos.

Pues mirad, que los cristianos demos hoy una respuesta firme y convencida a esta pregunta es capital, porque nos encontramos en un momento decisivo para la sociedad en la que vivimos; y por eso nuestro testimonio de fe cristiana es crucial. Y nuestro testimonio no debe ser solo una respuesta teórica del catecismo –la número tres del catecismo de Ripalda, para ser exactos-, sino que tiene que una respuesta dada también con la verdad cristiana de nuestra vida.

Reconozcámoslo. Aceptémoslo. Jesús es el Señor. Jesús es el Salvador a quien queremos reconocer por la fe y de quien queremos aceptar su evangelio salvador.

Que Santa María, la Virgen, nos ayude a todos para que descubramos el valor de estar al lado de Jesús para reconocerle, al igual que hizo Pedro, como el Mesías Salvador.

Mn. Ramón Clavería Adiego; Director espiritual de Abril Romero.

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