viernes, 24 de julio de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLVII). Solemnidad del Apóstol Santiago



La predicación de Santiago algo debió tener de especial, porque, como vemos en la primera lectura, Herodes mandó detenerlo, meterlo en la cárcel y pasarlo por la espada. Éste era el cáliz por el que Jesús le había preguntado tiempo atrás, como vemos en el Evangelio, y que él había aceptado beber sin saber muy bien lo que prometía.
Y es que dar testimonio de Cristo tiene sus riesgos y compromete a beber el cáliz, incluso con el peligro de dar la vida, como le ocurrió al apóstol Santiago, que anunció a Jesucristo no solo con la palabra; sino también con el martirio.
Por eso hoy, fiesta del Santo Apóstol, y patrono nuestro, es un día para recordar que la fe que confesamos es también la fe que hemos de profesar y testimoniar. Somos cristianos ¿no? Pues entonces no podemos disimular lo que somos. No puede haber ruptura entre una vida cristiana en privado y una vida pagana en público. Si creemos... se nos ha de notar. Como decía san Pablo «también nosotros creemos y por eso hablamos», por eso no podemos callar y hemos de hablar cristianamente, hasta por los codos. Es preciso que se note en todas partes que creemos en Jesús, que somos fieles el Evangelio que llegó por la predicación del Apóstol Santiago a nuestra vieja pie de toro.
Así pues, en este momento de la historia que nos toca vivir, es importante que los cristianos recobremos el talante de genio fuerte, beligerante y audaz de Santiago y de los primeros cristianos, de los mártires, que nos recuerdan que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Por eso que hemos de meternos en la mollera que ya va siendo hora de salir del templo y de dar la cara por Jesús y el Evangelio sin acobardamos ni avergonzamos de nuestra condición de creyentes.
Hoy Santiago nos convoca a superar los miedos y los respetos humanos, y afrontar con iniciativa y visión amplia la situación que nos toca vivir. Nos invita a tener paciencia y a confiar en que la gracia de Dios realizará en nosotros lo que realizó en él, haciéndonos testigos valientes del Evangelio.
Pidamos hoy que Jesús derrame sobre nosotros su Espíritu Santo, como lo derramó sobre Santiago, para que nos convierta en verdaderos discípulos y apóstoles suyos en este momento tan importante y crucial de la historia.
Y, como no, no nos faltará la ayuda y la protección de la Virgen María, quien ante las dificultades y desánimo de Santiago tuvo que venir hasta las orillas del Ebro para darle ánimos y asegurarle que su esfuerzo no sería en vano, y que España no solo abrazaría la fe, sino que la conservaría y difundiría con ardor. Así que no nos acobardemos ante las circunstancias, los problemas y las dificultades. Tenemos la promesa de la Virgen y la intercesión del Apóstol.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.


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