sábado, 18 de julio de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLVI). Domingo XVI del Tiempo Ordinario



Trigo y cizañaLa liturgia de la Palabra de este domingo contiene las parábolas del Evangelio según san Mateo llamadas “del crecimiento”.  Son llamadas así porque en ellas se muestra el ambiente en el que se desarrolla la Palabra que Dios siembra en el mundo, en la Iglesia, y en cada uno de nosotros. Esa Palabra crece en un campo de trigo donde el enemigo siembra cizaña; pero tiene un fuerza tan grande, que siendo al principio tan pequeña como el grano de mostaza, llega a convertirse en un árbol frondoso, o como un poco de levadura, que es capaz de convertir en masa viva y panificable una cantidad notable de harina.
Pues bien, la enseñanza de la parábola es ésta: mientras el mundo sea mundo y haya gente en la tierra, crecerán juntos los buenos y los malos, el bien y el mal. Porque gente mala, haberla, hayla; y lo que nos tiene que preocupar más, que gente que se tiene por buena, puede no serlo tanto... Pero por suerte, Dios tiene paciencia hasta que llegue el momento de la separación, al final de los tiempos. Y digo por suerte, porque nosotros, que muchas veces nos podemos tener por buenos, sin serlo mucho, enseguida querríamos que determinadas personas desaparecieran de la faz de la tierra, pensando que sin ellas viviríamos mejor. Pero Dios no es como nosotros. Él tiene paciencia, y sabe que las personas no somos como el trigo y la cizaña, que no pueden cambiar, sino que podemos cambiar de vida para bien –y ojo, también para mal–; y de hecho, cambiamos. Pero no pocas veces hay que esperar casi al final de la vida para que se dé ese cambio. Por eso que tenemos que ser capaces de dar gracias a Dios por su paciencia, y le tenemos que pedir que nos la conceda a todos, para que sepamos esperar y no cansarnos en la espera.
De esa paciencia nos habla también la primera lectura, añadiéndole un matiz, y es que  el señorío absoluto de Dios le autoriza a mostrarse paciente con los pecadores en espera de su arrepentimiento.
Y todavía podemos sacar otra enseñanza de la parábola, y es que Dios siembra buena semilla en nuestra alma, porque es bueno y es nuestro Padre; pero, sin embargo, no nos quita la libertad, y nosotros podemos permitir que nuestro enemigo, el diablo, siembre su cizaña. Y la siembra. No nos engañemos pensando que no lo hace. La siembra a manos llenas a través de libros, revistas, programas, películas, etc... Por eso tenemos que estar vigilantes para impedir que el demonio malogre la cosecha que Dios espera de nosotros, como personas y como miembros de su pueblo, la Iglesia.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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