sábado, 11 de julio de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLV). Domingo XV del Tiempo Ordinario



Parábola del sembrador - Wikipedia, la enciclopedia libreLa parábola del sembrador tiene por objeto la enseñanza sobre la Palabra de Dios y las dificultades que encuentra para dar fruto. Da la sensación de que la parábola responde a la misma experiencia de Jesús. Él fue un predicador incansable de la Palabra del Reino de Dios. Muchos le oyeron con el corazón endurecido y no le siguieron, otros le siguieron con entusiasmo al principio, pero luego le dejaron. Muchos de los que se consideraban discípulos, cuando en la Sinagoga de Cafarnaum anunció la Eucaristía, dijeron que aquello era inaceptable, y desde entonces muchos dejaron de ir con Él. Pero, a pesar de todo, y de quedar solo un pequeño grupo de discípulos, Él siguió predicando...
Bueno, pues al cabo de veinte siglos de haber sido sembrada y acogida por los apóstoles y por los primeros cristianos fieles de Jerusalén y Antioquía, la Palabra de Dios ha sido esparcida por todo el mundo y ha dado frutos muy abundantes; pero también, en muchas personas y en varios ambientes, ha quedado estéril, como quien oye llover.
Pero aunque el se malogre en algunas ocasiones, allí donde la Palabra de Dios encuentra un corazón que la escucha, la acoge, y pone de su parte, intentando que los obstáculos no la ahoguen, dará un fruto más que abundante. Seguro que hay piedras que hemos de limpiar, que hay pájaros que ahuyentar, que hay plantas que arrancar ... por poder dar buenos frutos. Pero hemos de tener presente que la vida cristiana es un esfuerzo por reflejar en nuestra vida aquello que Dios espera de nosotros. Y no olvidemos tampoco que Dios siempre está ofreciendo su gracia para que la semilla de su Palabra sembrada en nosotros salga adelante.
Por eso que la parábola del sembrador nos ha de ayudar no tanto a ver lo negativo que hay en nosotros, sino todo lo contrario: a fijamos en las posibilidades reales de una gran cosecha que Dios ha regado. Él, el sembrador, nos ha destinado a dar fruto, y un fruto que dure.
Pidámosle, pues, a la Virgen María, que sepamos despedregar nuestros corazones, para que la gracia de Dios haga que el mensaje del Evangelio, que día tras día se anuncia sin cesar a los cuatro vientos, penetre de verdad en nosotros, para que que alcancemos la gracia de que rechazar lo que es indigno del nombre de cristiano y cumplamos cuanto en él se significa.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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