sábado, 27 de junio de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDLIII). Domingo XIII del Tiempo Ordinario



El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, cargue ...La Palabra de Dios de este domingo nos invita, una vez más, a seguir a Cristo con decisión y radicalidad, cargando con nuestra cruz de cada día, es decir, cargar con todo lo que la vida trae consigo, sobre todo con las dificultades, amarguras, sufrimientos... Estos meses y este tiempo de pandemia que, lamentablemente, nos está tocando vivir, pueden ser una buena ocasión para que nos paremos a pensar cuáles son las cruces que cargamos a diario.
Pero por otro lado, y ese es el tema principal de las lecturas de hoy, la liturgia de la Palabra de hoy nos quiere invitar a la generosidad; a tener un corazón abierto con los demás; a ser acogedores y hospitalarios... Mirad, la hospitalidad es una de las características más destacadas de los pueblos de Oriente, y muchas veces es alabada en la Sagrada Escritura; y Dios nunca la ha dejado sin recompensa. Fijaos, por ejemplo, en la primera lectura, una mujer que acogía con gusto al profeta Eliseo en su casa, y que con su marido, le preparó un espacio para que el profeta pudiera quedarse con ellos cada vez que fuera por aquella ciudad. Esta acción no quedó sin recompensa, y ante tanta generosidad, Eliseo se sintió obligado a hacer algo por ella, y ante la mayor carencia que podía tener una familia de aquella época, que era la de no tener hijos, el profeta le anuncia que tendría un hijo.
Pues bien, Jesús todavía va más lejos, y afirma que quien haga un favor tan pequeño como el de dar un vaso de agua a un discípulo suyo, no quedará sin ser recompensado. Y es que Dios no se deja ganar nunca en generosidad y premia todo lo que hacemos sinceramente y de corazón por los demás. Pero tenemos que tener claro, una vez más, que el seguir a Cristo exige muchas veces renuncia, desprendimiento, incomprensión... Vamos, que seguir a Cristo exige cargar con la cruz. Pero seguir a Cristo tiene también sus pequeñas recompensas en esta vida, recompensas no precisamente materiales, sino recompensas que colman el alma de gozo, y con creces.
Pidámosle, pues, a la Virgen María que sepamos descubrir a Cristo y acogerle en cada uno de nuestros hermanos, sabiendo que cualquier gesto de acogida, por pequeño que sea, no quedará nunca sin recompensa.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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