domingo, 10 de mayo de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXLVI). Domingo V de Pascua



La palabra de Dios nos quiere ayudar hoy a profundizar en el misterio de la Iglesia, templo del Espíritu Santo, cuya piedra angular es Cristo y del cual los bautizados somos piedras vivas que, unidos a Él, estamos llamados a proclamar las maravillas de Dios.
Mirad, la segunda lectura describe la comunidad cristiana con la imagen de una casa que se va edificando por la incorporación a Cristo. Todos los que constituimos esta casa, nos dice el apóstol Pedro, estamos llamados a ser “un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios”, que tenemos la misión de “ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios”, es decir, que tenemos la misión de llevar una vida conforme al camino que nos ha marcado Jesucristo.
Los primeros cristianos tuvieron clara conciencia de que ellos eran el nuevo pueblo de Dios y que el Bautismo había hecho de cada uno de ellos una piedra viva de ese gran templo de Dios, que es la Iglesia.
Por eso vale la pena que hoy nosotros nos preguntemos si nos sentimos miembros vivos y activos del pueblo de Dios, o creemos que eso es cosa de los curas y las monjas. Es momento de pensar si nos tratamos entre nosotros como miembros de una misma familia y pueblo; de si convertimos cada instante y momento de nuestra vida en una ofrenda a Dios; de si nos sentimos responsables de iluminar al mundo que nos rodea con la luz de la verdad y del amor de Jesucristo. Y, sobre todo, que nos preguntemos si tenemos la certeza de que Dios camina con su Pueblo, para protegernos, para sanar nuestras enfermedades y dolencias. Porque, mirad, Jesucristo va al frente de su Pueblo como iba Moisés delante del primer Pueblo de Dios, para señalarnos el camino verdadero, para que nuestro peregrinar por la tierra termine en el cielo, la casa del Padre; esa casa que, como Él mismo nos dice en el evangelio, tiene muchas estancias, y a la que se va para prepararnos un sitio.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, que todos y cada uno de nosotros nos sintamos miembros vivos de la Iglesia de Jesucristo, trabajando por extender por todo el mundo el Reino de Dios, fieles a nuestra vocación de bautizados, y cada uno de nuestro lugar.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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