sábado, 2 de mayo de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXLV). Domingo IV de Pascua



El telón de fondo sobre el que se teje la liturgia de la Palabra de este domingo es el sacrificio de Cristo por nuestros pecados. De él hablan las tres lecturas y, de un modo especial, la segunda lectura, de la Carta de Pedro, que nos invita a poner nuestros ojos en Jesús, que sufrió y murió por nosotros; pues la Pascua de Cristo es, a la vez e inseparablemente, muerte y resurrección, entrega voluntaria y amorosa de su vida por los hombres y recuperación de esa vida, ahora glorificada y gloriosa, por la salvación que ha traído consigo.
Y es que la salvación no es una conquista humana, sino un don de Dios. Nadie puede autosalvarse ni nadie puede encontrar la salvación fuera de Jesucristo. Tengámoslo claro: Jesucristo es el único Salvador y Redentor. No nos salvan ni el poder, ni el dinero, ni el prestigio social, ni la ciencia, ni la tecnología, ni nada... Nos salva Jesucristo. Él es la puerta que da acceso al redil, Él va delante de nosotros, Él nos conduce por senderos seguros, Él nos llama por nuestro nombre, Él conoce nuestras debilidades y nuestros esfuerzos, Él nos ha amado hasta entregar la vida por nosotros, Él nos invita a seguirle, Él quiere sentarnos a esa mesa abundante que Él prepara para nosotros con su Palabra y su Cuerpo y su Sangre, porque Él es el Buen Pastor que nos ama, nos cuida y nos alimenta.
Pero para que Jesús sea nuestro Pastor, nosotros tenemos que dejarle..., es decir, tenemos que estar dispuestos a ser sus ovejas, su rebaño..., y para eso, debemos escuchar su voz, ¡su voz!, y no las voces de este mundo, y otras voces engañosas, de ladrones y bandidos, que nos quieren apartar y alejar de Dios...; tenemos que dejar que su palabra salvadora nos traspase el corazón,  y convertirnos continuamente a Él... ¡No perdamos la ocasión! ¡Volvamos hoy, hoy mismo, en cuerpo y alma a la obediencia y al seguimiento de Cristo, cueste lo que cueste!¡Dejemos que Él sea nuestro Pastor! Porque si el Señor es nuestro pastor..., nada nos faltará.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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