domingo, 19 de abril de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXLIV). Domingo II de Pascua



Las lecturas de hoy se centran en la fe y los bienes que la ponen en práctica, los cuales provienen del Dios misericordioso en quien creemos. La primera lectura nos ofrece una especie de sumario de la vida de las primeras comunidades cristianas, las cuales eran, eminentemente, unas comunidades pascuales, pues articulaban su identidad y su actividad en torno a Jesús resucitado, el Cristo vivo que estará presente en medio de ellas para siempre. En ella se recuerdan los valores de la oración, la comunicación de bienes y el amor que une a todos los hermanos. Por su parte, la primera carta de Pedro subraya los valores cristianos de la fe, la alegría y el amor. Y de forma especial el evangelio de este domingo nos desgrana todos esos valores significándolos como frutos directos de la Pascua.
Pero si hay una frase del evangelio con la que me querría quedar hoy es con la última que le dice Jesús a Tomás, quien, para creer en la resurrección, pedía ver y tocar...: «Bienaventurados los que crean sin haber visto», dijo el Señor. Con esta «nueva» bienaventuranza, Jesús se refiere a los cristianos de todos los tiempos que hemos creído en él sin haber asistido a ninguna aparición de su cuerpo glorioso. Pero no podemos creer sin haber experimentado, sin habernos encontrado con él de alguna manera. Mirad, el evangelio de hoy nos muestra la importancia del ambiente comunitario; pues Jesús se presenta cuando los discípulos se encuentran reunidos. Ellos, pues no es que pusieran mucho de su parte: tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos, y los corazones... vete tú a saber cómo los tenían… Pero se habían congregado. Y Jesús se les hace presente. Y de la misma manera el domingo siguiente: nueva reunión y nueva aparición. Vale la pena que lo pensemos cuando se nos hace cuesta arriba la constancia en la misa de cada domingo. Es cierto que nuestras reuniones dominicales no reúnen siempre las mejores condiciones, pero desde los tiempos apostólicos son el marco en que Jesús se ha querido hacer presente de manera habitual en medio de la comunidad reunida. Si no asistimos a ellas, nos lo perdemos.
Pidámosle, pues, a la Virgen María que la luz de Cristo Resucitado ilumine nuestras dudas y miedos; de modo que pasemos, como Tomás, de la fe de los dedos, a la fe del corazón, esa fe que no necesita ver para creer.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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