jueves, 9 de abril de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXLI). Jueves Santo



Con la celebración eucarística de esta tarde damos por finalizado el tiempo de Cuaresma y nos adentramos en el Triduo Pascual, cuyo punto culminante será la noche santa de la Pascua.
Hoy, en esta celebración, recordamos la institución de la Eucaristía como don y presencia permanente de Cristo a su Iglesia hasta el final de los tiempos, sin olvidarnos que la Eucaristía es también alimento necesario para el cristiano, donde el mismo Señor se nos da para la vida eterna. Hoy es, pues, un día para renovar nuestra fe en Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía.
Pero curiosamente no es el evangelio, donde Jesús da ejemplo de servicio y de entrega hasta el final en el gesto del lavatorio de los pies, sino la segunda lectura quien habla de la institución de la Eucaristía. San Pablo nos cuenta ese momento trascendental del Cenáculo donde Jesús entrega el pan y el vino como donación de su Cuerpo y su Sangre, dentro del contexto de la cena pascual judía, que Él había adelantado un par de días... Y que la Última Cena de Jesús con los discípulos evoca la cena de la Pascua de los judíos, la celebración que cada año recordaba la liberación de Egipto. El pasaje del libro del Éxodo que hoy leemos presenta los elementos esenciales del ritual de la cena pascual, tal como se hacía en Israel. La repetición cada año de la Pascua era un memorial, por tanto, no solo un recuerdo, sino una verdadera actualización de la salida de Egipto, agradeciendo a Dios la libertad que les regaló. Pues bien, la Cena de Jesús es el signo de la nueva Pascua que nos libera; ya que cada vez que celebramos la Eucaristía estamos presentes en aquella Última Cena y en el Calvario, pues la Eucaristía es sacrificio, entrega de la vida por la salvación de la humanidad, y banquete que nos une en comunión y en la amistad de Cristo, que nos amó hasta el extremo. Amor hasta el extremo que demuestra entregando su vida en la cruz por nosotros. Amor que nos pide que tengamos los unos hacia los otros.
Y permitidme que termine la reflexión haciéndoos una petición. Hoy, junto a la institución de la Eucaristía y el mandato del amor fraterno, también celebramos la institución del sacerdocio ministerial. Por eso os quiero pedir que hoy, recéis de un ara Eucaristía y hacer presente así sacramentalmente a Cristo en medio del mundo como alimento de vida eterna. Pedid por nosotros, porque somos débiles y pecadores, y necesitamos, aunque no lo parezca, y muchas veces no queramos reconocerlo, vuestro apoyo y respaldo.  Rezad por nosotros, para que nuestra vida sea entrega y don, y nos pongamos a disposición de la comunidad y al servicio de todos los necesitados. Rogad al Señor que suscite santos sacerdotes para nuestras parroquias, tan necesitadas de pastores según el corazón de Cristo.
Que Santa María nos ayude para que la gran herencia que Cristo nos dejó se grabe hoy de nuevo en nuestros corazones. Celebremos con gozo la Eucaristía, para que sus frutos redentores transformen este mundo desde el amor y la entrega.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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