domingo, 8 de marzo de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXXXVI). Domingo II de Cuaresma



 La liturgia de la Palabra de este domingo tiene como nota dominante la escucha de la Palabra de Dios y la consiguiente misión, dos realidades inseparables. Si el domingo pasado era el domingo de las tentaciones, este segundo domingo de Cuaresma es el domingo de la Transfiguración; un episodio grandioso que tuvo lugar en el monte Tabor, en presencia de Moisés y de Elías, y que fue presenciado, con sobrecogimiento, por Pedro, Santiago y Juan; un episodio en el que, ante la inminencia de la Pascua, de la Pasión, Jesús quiere fortalecer la esperanza de sus discípulos para que sean fuertes en el momento de la prueba.
Y es que la Transfiguración nos presenta el horizonte, el sentido y la finalidad que tiene este camino cuaresmal que estamos realizando, que, como sabemos, no está exento de sacrificios y de luchas interiores, por la terquedad del hombre viejo, que se resiste a dar paso a la novedad de una vida llena del Espíritu de Jesús.
Mirad, el camino “penitencial” y de conversión que iniciamos el Miércoles de Ceniza no tendría sentido si su punto final no fuese el vivir en plenitud el triunfo de la vida y gozar del sí definitivo de Dios en la resurrección. Esta es la experiencia que viven Pedro, Santiago y Juan, a quienes Jesús manifiesta su gloria para que tengan la fuerza de afrontar el escándalo de la cruz que está por acontecer.
Y nosotros, como Pedro, Santiago y Juan, también tenemos que escuchar la voz del Padre que nos invita a escuchar y seguir a Jesús. La Cuaresma es un tiempo especial para poder leer y escuchar la Palabra de Dios. No lo desaprovechemos; pues en la Palabra de Dios es Dios que nos habla al corazón. Por eso que será importante saber escuchar a Dios, como Abrahán, como Pablo, y como tantos otros que han hecho de la Palabra de Dios su norma de vida. Prestémosle, pues, atención a la Palabra de Dios, leámosla bien, escuchémosla con el corazón abierto, y dejémonos renovar interiormente por ella,... y toda nuestra vida se transfigurará.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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