sábado, 29 de febrero de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXXXV). Domingo I de Cuaresma



En este primer domingo de Cuaresma la palabra de Dios nos presenta a Jesús en el desierto, lugar de silencio y austeridad, donde el Señor se prepara con ayuno y oración para comenzar su misión; y donde es tentado. Pues bien, esta batalla victoriosa de Jesús contra las tentaciones es para nosotros una invitación a tomar conciencia de nuestra propia fragilidad para acoger la gracia de Dios que nos libera del pecado; algo que nos viene bien tener en cuenta en estos primeros días de Cuaresma, ya que adentrarnos en el tiempo cuaresmal es adentrarnos en un desierto donde también nosotros somos tentados. Pero al igual que Jesús, nosotros no estaremos solos, ya que la fuerza de Dios siempre estará ahí, para que echemos mano de ella y no caigamos en la tentación. La cosa está en que queramos echar mano de ella y no nos creamos tan gallitos de poder nosotros solos contra las tentaciones.
Y es que la tentación es un maravilloso deseo que nos acaricia la vista, la piel, la lengua y, sobre todo, la imaginación. Se ha dicho que para evitar la tentación, lo mejor es caer en ella. Pero caer en la tentación es meternos dentro de una espiral que siempre pide más, más y más... y que, como la publicidad, su peligro no está en lo que nos promete, sino en lo que nos oculta. Y lo que nos oculta es que nos podemos jugar la salvación eterna, echarnos a perder para siempre. Por suerte para nosotros, mientras tengamos vida, tendremos la posibilidad de acudir al sacramento de la Reconciliación para encontrar el perdón de Dios y poder recomenzar de nuevo con su ayuda.
Por eso que, cuando sentimos esos cantos de sirenas que nos animan a pecar y a estar y sentirnos por encima de Dios y de la Iglesia, lo que tenemos que hacer es mirar a Jesús, reconocer y admitir con humildad que somos débiles y poquica cosa, y que le necesitamos... Y así, apoyados en la gracia de Dios, que no nos ha de faltar, pues Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras posibilidades, también nosotros saldremos vencedores. Ánimo, pues, y atravesemos el desierto cuaresmal, con nuestra mirada puesta en la meta, que es Cristo resucitado.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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