sábado, 22 de febrero de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXXXIV). Domingo VII del Tiempo Ordinario



Resultado de imagen de vii ordinario aSeguimos escuchando la enseñanza de Jesús en su Sermón de la Montaña. Y hoy, Jesús llega a la proclamación del mandamiento del amor, dándole una amplitud y una generosidad tales que hacen de este pasaje que acabamos de escuchar uno de los más característicos del Evangelio; pues Jesús va más allá de los límites del Antiguo Testamento, tanto en lo referente a la respuesta proporcionada a las ofensas como en la responsabilidad y el amor al prójimo, entendido como el pariente o el vecino, y nos enseña que ante cualquiera que sea la mala faena que nos hagan, hemos de responder no guiados por el «ojo por ojo, diente por diente» sino con amor, perdón, reconciliación, generosidad, hasta poner por encima de los valores para con los demás la estima incondicional, el perdón, la plegaria por los que nos causan el mal. Y lo hace con esas palabras tan fuertes y que rompen toda lógica humana: «amad a vuestros enemigos».
«Amad a vuestros enemigos»... Eso no es nada fácil por iniciativa propia del ser humano. ¿Responder al odio con amor? Eso es muy difícil. Hay qué admitirlo. Muy difícil. Pero mira... Jesús nos pide que seamos perfectos, como nuestro Padre Dios es perfecto...Ahí nos la suelta...
¿Cómo llegar a ese grado de exquisitez cristiana?¿Cómo devolver bien por mal en la realidad? Pues ni más ni menos que colocando en el centro de nuestra existencia a Dios mismo, porque Dios siempre está dispuesto a perdonar. Esa es la diferencia entre Dios y nosotros. Que Dios, por inercia, perdona, olvida y entrega amor... Por ello Jesús nos lanza ese reto de ser perfectos como Dios es perfecto; de ver las cosas como Dios mismo las ve y reaccionar, incluso en situaciones ilógicas y contradictorias, desde el testimonio de la fe. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No. Con Dios no es imposible; porque para Dios nada hay imposible. Y si nosotros ponemos de nuestra parte, y con la ayuda de la intercesión de la Virgen María, puede ser posible.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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