sábado, 15 de febrero de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXXXIII). Domingo VI del Tiempo Ordinario



Resultado de imagen de miniatura sermon montañaHoy Jesús habla claro sobre el cumplimiento de la ley y los profetas, y nos dice cuáles son las consecuencias de no cumplir con ello. En la lectura evangélica de hoy descubrimos cómo Jesús no viene a abolir la ley del Antiguo Testamento, sino a llevarla a la plenitud. Jesús da a la ·ley su auténtico valor. De hecho, todo el Antiguo Testamento y sus leyes se cumplen en Jesús. Él realiza su auténtica dimensión. No solo la cumple, sino que lleva todo a la plenitud. Por eso que los cristianos, siguiendo a Jesús, no hemos de ser cumplidores de mínimos sino de la totalidad. Por ser fieles al Reino de Dios hemos de vivir en plenitud el cumplimiento de la voluntad de Dios.
Los ejemplos del evangelio de hoy nos presentan el texto bíblico del mandamiento de Dios, y nos exhortan a su cumplimiento radical y absoluto. Cristo nos ofrece tres ejemplos del mandamiento y de su interpretación según el espíritu de la Nueva Alianza.
Primero nos recuerda que se dice: «no matarás»; pero Jesús afirma que ese mandamiento quiere decir no solo no quitar la vida a otros, sino también no vivir con odio e ira hacia los demás. Luego nos indica que se dice: «no cometerás adulterio»; señalando que ese mandamiento no solo quiere decir no tomar la mujer de otros, sino también no desearla, no cometer adulterio en el corazón. Y finalmente, frente al mandamiento de no jurar en falso, Jesús nos dice que no tenemos que jurar en absoluto, que nos basta decir sí o no.
Y es que Jesús, en el evangelio de hoy, nos presenta un desafío. Nos desafía a no ser simplemente cumplidores, sino a buscar la perfección. Nos invita a que, en esa elección libre que siempre está delante de nosotros, para elegir el bien o el mal, no nos limitemos simplemente a no hacer el mal, sino que eligiendo el bien, elijamos hacer lo mejor. Nos invita a cumplir los preceptos por amor a Dios y al prójimo, no por mero cumplimiento. Hoy, en definitiva, se nos invita a escuchar esta Palabra de Dios para decidimos seria y personalmente por el Reino de Dios.
Pidámosle, pues, a la Virgen María que sepamos abrir nuestro corazón a la sabiduría de Dios, para ser así capaces de transformar nuestra vida por medio de la gracia del Señor, y hacer nuestro mundo más fraterno y más humano, según el plan de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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