sábado, 11 de enero de 2020

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXXVIII). Fiesta del Bautismo del Señor




Resultado de imagen de bautismo del señor"La fiesta del Bautismo de Jesús que hoy celebramos pone el broche final al ciclo de Navidad, a la vez que abre la primera parte del Tiempo Ordinario, que viviremos a partir de hoy hasta la Cuaresma.
Primero de todo, nos tiene que quedar claro que el bautismo de Juan no era el sacramento del Bautismo que hemos recibido nosotros. Era un signo de conversión, de penitencia, de manifestar un deseo firme de cambiar de vida. Jesús no necesitaba para nada ese signo. Pero lo hace. Se puso a la cola, como si fuera un pecador más, solidarizándose con ellos, con todos nosotros. Y vemos como Juan se resistía a bautizarle. Pero Jesús insiste en ser bautizado por Juan. Insiste dejando claro que ese es el deseo de Dios. Y de este modo, tras ser bautizado por Juan con agua, Dios Padre manifiesta que Él es su Hijo amado, y envía sobre Él el Espíritu Santo, consagrándolo como su Mesías, su ungido, su enviado.
Y es que el Bautismo de Jesús fue el pistoletazo de salida a su vida pública. No se trata de los primeros años de su vida, sino de los últimos. Durante treinta años estuvo preparándose para su misión de anunciar la verdad de Dios entre los suyos no solo con palabras, sino con obras; pasando por el mundo haciendo el bien.
Por eso que, tras ser bautizado por Juan el Bautista, la vida de Jesús cambia. Ya no vuelve a Nazaret a vivir de su trabajo en la carpintería que habría heredado de José, sino que en adelante, lleno del Espíritu Santo, que desciende sobre Él, su vida, su persona y su palabra se dedicarán durante tres años, a anunciar el Reino de Dios y su justicia, hasta culminar su vida pública con su muerte y resurrección en Jerusalén.
Y si Jesús comenzó su vida pública con el Bautismo de Juan, nosotros, por medio del sacramento del Bautismo, hemos comenzado nuestra vida de cristianos. Nosotros, por medio del agua bautismal, hemos sido bautizados con Espíritu Santo y fuego; hemos sido adoptados por Dios como hijos. Por eso no podemos vivir un cristianismo anodino y mortecino, sino que debemos encontrar fuerza, coraje y energía para anunciar el Reino de Dios, para mostrar la grandeza de nuestro ser bautizados. Hoy día parece que nos da vergüenza decir que somos cristianos y miembros de la Iglesia. ¡Pues que no nos la dé, leñe! Sintámonos orgullosos de estar bautizados, orgullosos de ser cristianos, orgullosos de tener a Dios como Padre y a la Iglesia como madre Sí, a la Iglesia como madre, una madre que tendrá sus fallos y pecados, como los tenemos todos; pero una madre que a todos nos quiere acoger y proteger, a pesar de lo que muchos quieran empeñarse en negar, y de los comportamientos vergonzantes de otros.
Y, como no, si tenemos a la Iglesia como madre, tenemos también una Madre con mayúsculas, que es la Virgen María. Acudamos a Ella, y pidámosle que nos alcance la gracia de vivir siempre con fidelidad la gracia del Bautismo que hemos recibido, y que nos ha hecho y convertido en hijos e hijas de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

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