sábado, 16 de noviembre de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDXVII). Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario


Resultado de imagen de XXXIII ordinario CComo cada año, en estos últimos domingos del año litúrgico, al igual que en los primeros días de Adviento, la liturgia de la Iglesia nos invita a que pongamos nuestra mirada en lo que se refiere al fin de los tiempos y a la segunda venida del Señor.
Hoy, este anuncio del final de la historia se nos proclama con palabras que parecen destinadas a alarmarnos, porque hablan de dolores y catástrofes. Pero no debe ser así. Lo que Jesús nos anuncia es un mensaje de salvación: pase lo que pase, vaya como vaya todo, Él ofrece la vida nueva de su Reino a todos los que hayan querido seguir su camino. Las lecturas de hoy nos hablan, pues, de nuestra vida actual, de la vida de todos los días: nos hablan de las crisis, de las dificultades, del esfuerzo y la constancia que hay de mantener por encima de todo; y nos invitan, al fin y al cabo, a seguir fielmente el camino del Señor, en espera de la vida que él nos ha preparado; y son una enérgica llamada a no vivir adormecidos. Dios nos ama, pero también nos exige fidelidad a su amor hasta las últimas consecuencias. Y debemos ser conscientes de que esta fidelidad puede acarrearnos problemas e incluso persecuciones. Y problemas y persecuciones, los cristianos los hemos tenido siempre, y los tendremos. Pero nos tiene que animar esa promesa de Jesucristo que nos dice que «con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
Por eso, ante el pesimismo tenemos que trabajar, tenemos que amar nuestro mundo y no abandonarnos, como hacían los cristianos que san Pablo critica en la segunda lectura, como si el mundo no tuviera solución. Es por esto que Jesús nos anima a no dejarnos engañar por los falsos mesías y nos llama al discernimiento para saber dónde está realmente el Espíritu del Señor. Es verdad que en tiempos de dificultades a menudo aparecen salvadores espontáneos o profetas de doctrinas pretendidamente liberadoras para dar respuesta a las situaciones duras de nuestro tiempo. Pero Jesús nos advierte: «Que nadie os engañe». Y es que los nuevos caminos de salvación no sirven y no son auténticos si no van en consonancia con el Evangelio. Por eso que Jesús insiste: «No vayáis tras ellos». La llamada, por tanto, es a vivir el Evangelio en todas las dificultades con toda humildad. Y tengamos presente que sufriendo como Jesucristo tendremos como premio la vida por siempre.

 Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.



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