viernes, 27 de septiembre de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDX). Domingo XXVI del Tiempo Ordinario



Las lecturas de este domingo continúan con la temática que vimos la semana pasada, y nos advierten del enorme peligro que encierran los bienes materiales si se emplean en interés propio y no en el de los demás. Por eso nos ponen en alerta ante la idolatría del placer y el poseer, que muchas veces hacen que nos olvidemos de Dios, como denunciaba el profeta Oseas a la gente de su tiempo, y que, como podemos ver, se despacha bien a gusto contra los ritos y satisfechos.
Por otra parte, la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro nos recuerda que, cuando nos entregamos plenamente a los bienes materiales, nos cegamos para ayudar a los necesitados. Y así le va al rico Epulón.
Pero el mensaje de la parábola va más allá, pues  recuerda que, mientras estamos en este mundo, debemos escuchar al Señor, que nos habla mediante las sagradas Escrituras –lo que le dice Abrahán al rico, que sus hermanos tienen que escuchar a Moisés y a los profetas-, y vivir según su voluntad –al estilo de Pablo, que nos insiste en que practiquemos la justicia, la religión, el amor, la paciencia la delicadeza... En que guardemos el Mandamiento de Dios-; si no, después de la muerte, será demasiado tarde para enmendarse.
Por lo tanto, esta parábola nos dice dos cosas: la primera es que Dios ama a los pobres y les levanta de su humillación; la segunda es que nuestro destino eterno está condicionado por nuestra actitud, y que nos corresponde a nosotros seguir el camino que Dios nos ha mostrado para llegar a la vida eterna, y este camino es el amor; un amor no entendido como sentimiento, sino como servicio a los demás. Y la oportunidad la tenemos siempre a nuestro alcance, pues todos tenemos algo que compartir, y siempre tenemos al lado personas que tiene menos que nosotros; y no solo en el terreno económico; sino también en el afectivo, el cultural, o el religioso...
Así pues, es necesario escuchar la Palabra de Dios, que es el instrumento del cual Dios se sirve para avisarnos a todos acerca de nuestro futuro y de la orientación que debemos de dar a nuestra vida presente. Pero también, y hay que decirlo, es lamentable comprobar la frialdad del hombre egoísta, que no quiere creer ni aunque vea milagros. De hecho, Jesucristo ha resucitado, y muchos se niegan a aceptarlo.
Que la Virgen María nos ayude, pues, a no cerrarnos a los que tenemos a nuestro lado necesitados de bienes materiales, afecto, amistad, compresión y palabras de aliento; y a que seamos capaces de cambiar de actitud sobre la riqueza. Porque los bienes materiales, no nos los llevaremos a la tumba; pero el bien que hayamos hecho a los demás, valdrá mucho ante los ojos de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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